Un nuevo Ecuador deserción universitaria: Entre la esperanza y la realidad un nuevo Ecuador 

Fotografía obtenida de: Redacción RPP

La deserción universitaria constituye un fenómeno complejo y multifacético que afecta profundamente a las instituciones de educación superior en todo el mundo. A pesar de los esfuerzos y recursos destinados a la formación académica, una significativa proporción de estudiantes abandona sus estudios antes de completar sus programas (o siquiera iniciarlos). Este problema no solo representa un fracaso individual para los estudiantes que ven truncadas sus aspiraciones profesionales, sino que también implica un desafío para las universidades y la sociedad en general. Teniendo múltiples causas, que van desde factores económicos y sociales hasta problemas personales y académicos. En muchos casos, la falta de recursos financieros obliga a los estudiantes a abandonar sus estudios para incorporarse al mercado laboral y contribuir al sustento familiar. Asimismo, las deficiencias en la preparación académica previa y la falta de apoyo institucional pueden dificultar la adaptación y el rendimiento de los estudiantes en el entorno universitario. 

Además, la deserción universitaria tiene consecuencias significativas tanto a nivel individual como colectivo. Para los estudiantes, abandonar la universidad puede limitar sus oportunidades de desarrollo profesional y personal, reduciendo su potencial de ingresos y su capacidad para contribuir de manera efectiva a la sociedad. Para las instituciones educativas, la deserción representa una pérdida de recursos y un indicador de ineficiencia en la gestión educativa. A nivel social, la deserción universitaria contribuye a la perpetuación de la desigualdad y a la disminución del capital humano disponible para el desarrollo económico y social. 

Uno de los factores más cuestionados que contribuyen a la deserción universitaria es la incorrecta elección de carrera por parte de los estudiantes. Este error, en muchos casos, es resultado de una orientación vocacional inadecuada o inexistente, la presión social y familiar, o una falta de autoconocimiento. Los estudiantes a menudo se matriculan en programas que no alinean con sus intereses, habilidades y pasiones, lo que provoca una falta de motivación y satisfacción. Este desajuste se traduce en un bajo rendimiento académico y, eventualmente, en la decisión de abandonar los estudios. La deserción universitaria, entonces, puede verse como un reflejo de un sistema educativo que no prepara adecuadamente a los estudiantes para tomar decisiones informadas sobre su futuro profesional. 

Además de la mala elección de carrera, la precariedad económica obliga a muchos estudiantes a combinar sus estudios con trabajos de medio tiempo o incluso tiempo completo, lo que afecta negativamente su rendimiento académico y su capacidad para completar sus programas de estudio. En algunos casos, la carga financiera es tan abrumadora que los estudiantes no tienen más remedio que abandonar sus estudios para ingresar al mercado laboral de manera permanente. Las becas y ayudas financieras, aunque existentes, son insuficientes para cubrir las necesidades de todos los estudiantes que lo requieren. Este problema se ve exacerbado en contextos de crisis económica, donde las oportunidades laborales son escasas y mal remuneradas, y los costos de la educación superior continúan en aumento. 

Los factores sociales también contribuyen significativamente a la deserción. La falta de apoyo familiar, la necesidad de asumir responsabilidades domésticas y la presión de conformar con las expectativas sociales pueden ser determinantes en la decisión de abandonar los estudios. En muchos casos, los estudiantes provenientes de familias de bajos ingresos son los más afectados, ya que deben equilibrar sus estudios con las expectativas de contribuir económicamente al hogar. Esta situación no solo limita su tiempo y energía para dedicarse a los estudios, sino que también crea un ambiente de estrés y ansiedad que dificulta su progreso académico. 

Dentro de las universidades, los estudiantes a menudo no aprovechan correctamente los recursos que las instituciones ofrecen. Las bibliotecas, los centros de tutoría, las oficinas de orientación académica y psicológica, así como las actividades extracurriculares, son infrautilizados. Esta situación puede deberse a la falta de información, a la percepción de que estos recursos no son útiles o a la falta de tiempo para acceder a ellos debido a otras obligaciones. Este desaprovechamiento de los recursos institucionales es una grave falla que contribuye al bajo rendimiento académico y, en última instancia, a la deserción. La analogía de «una guardería de oro» resulta pertinente en este contexto, ya que muchos estudiantes y sus familias hacen grandes sacrificios económicos para acceder a la educación superior, solo para encontrar que, a pesar de los costos elevados, los beneficios y oportunidades que deberían acompañar dicha inversión no son plenamente explotados. 

Es fundamental reconocer que las universidades también tienen una responsabilidad en esta dinámica. La falta de seguimiento y apoyo personalizado, así como la insuficiencia de programas de orientación y adaptación para los nuevos estudiantes, son fallas estructurales que contribuyen a la deserción. Las universidades deben implementar estrategias más efectivas para asegurar que los estudiantes no solo ingresen a sus programas, sino que también cuenten con las herramientas y el apoyo necesario para completarlos con éxito. Esto incluye desde mejorar la orientación vocacional en la etapa de admisión hasta ofrecer programas de mentoría y acompañamiento a lo largo de toda la carrera. 

Es notable cómo la deserción universitaria se ha convertido en un fenómeno casi emblemático de nuestro tiempo. Aparentemente, hemos perfeccionado el arte de diseñar un sistema educativo que, en lugar de nutrir el intelecto y fomentar el crecimiento personal, parece especializado en desalentar a los jóvenes. La alta tasa de abandono universitario es una prueba fehaciente de nuestra habilidad para complicar lo que debería ser un proceso estimulante y enriquecedor. Es realmente admirable cómo se les alienta a seguir carreras que no les interesan ni en lo más mínimo, garantizando así un inicio inminente de desencanto y frustración. Este desatino en la elección de carrera es casi una obra de arte en su capacidad para desalentar el potencial humano. 

Desde el punto de vista de los investigadores Vélez y López, las principales causas de deserción estudiantil identificadas en la investigación son los problemas económicos, esta es la causa más significativa, representando el 59% de los casos de deserción. La incompatibilidad para cursar el programa, un 29% de los estudiantes que desertaron mencionaron que, a pesar de aprobar los cursos, no encontraron compatibilidad con el programa. Los aspectos relacionados con la distancia y el transporte a la universidad, esta causa representa el 5% de los casos. Problemas de seguridad, un 4% de los estudiantes citó la seguridad como un factor de deserción. Y como otros factores un 3% de los casos se compone de razones como el traslado a otras ciudades, embarazo y lactancia, entre otros. Y como estrategias prácticas propuestas para reducir la deserción en la universidad incluyen la asesoría académica, implementar un sistema de asesoría académica más efectivo para conocer mejor a los estudiantes y sus necesidades, asegurando que todos los estudiantes tengan acceso a esta ayuda desde el inicio de su carrera. Identificación de causas, realizar un análisis continuo de las causas de deserción para adaptar las estrategias de retención a las necesidades específicas de los estudiantes. Flexibilidad en el currículo, ofrecer opciones de currículo que permitan a los estudiantes elegir asignaturas que se alineen mejor con sus intereses y capacidades, facilitando así su permanencia en el programa. Apoyo financiero, proporcionar información y acceso a recursos financieros, como becas o créditos, para ayudar a los estudiantes que enfrentan dificultades económicas. Mejorar la comunicación, fomentar una comunicación abierta entre estudiantes y profesores, así como entre los diferentes departamentos de la universidad, para abordar problemas de manera proactiva. Programas de integración, desarrollar programas que ayuden a los nuevos estudiantes a integrarse en la comunidad universitaria, lo que puede aumentar su sentido de pertenencia y compromiso con la institución. (Vélez & López Jiménez, 2023) 

La implementación de las mencionadas estrategias para abordar la deserción universitaria representa un enfoque integral y prometedor para mitigar este problema persistente. Coincido plenamente con la necesidad de mejorar la orientación vocacional desde la educación secundaria, ya que una elección informada de carrera puede reducir significativamente la tasa de abandono. Asimismo, el aumento del apoyo financiero mediante becas y programas de trabajo-estudio es esencial para aliviar las cargas económicas que enfrentan muchos estudiantes, permitiéndoles concentrarse en sus estudios sin la constante preocupación por su sostenimiento económico. La colaboración entre universidades, gobiernos, familias y estudiantes es esencial para la implementación efectiva de estas estrategias y para garantizar que todos los estudiantes tengan la oportunidad de completar su educación superior y alcanzar su máximo potencial. 

En conclusión, la deserción universitaria es un fenómeno que refleja las profundas deficiencias y la ineficacia de nuestro sistema educativo actual. A pesar de los recursos invertidos y los esfuerzos realizados, la alta tasa de abandono evidencia que las instituciones de educación superior no están cumpliendo con su misión de formar y retener a sus estudiantes. La incorrecta elección de carrera, impulsada por una orientación vocacional deficiente, y la precariedad económica que obliga a los estudiantes a trabajar en detrimento de sus estudios, son factores que contribuyen significativamente a este problema. 

Las universidades, en su afán por mantener una fachada de excelencia, a menudo pasan por alto la necesidad de ofrecer un apoyo real y efectivo a sus estudiantes. Los recursos infrautilizados y la falta de programas de orientación y mentoría son claros indicadores de una gestión educativa ineficiente. La analogía de «una guardería de oro» resulta particularmente apta, ya que los estudiantes y sus familias hacen sacrificios económicos considerables para acceder a una educación superior que, en muchos casos, no ofrece el retorno esperado en términos de apoyo y oportunidades. 

No obstante, las soluciones propuestas, como la mejora de la orientación vocacional, el aumento del apoyo financiero, el fortalecimiento del apoyo académico y psicológico, la creación de programas de mentoría, la flexibilización de los planes de estudio, y la mejora de la integración y el sentido de pertenencia, ofrecen un camino prometedor para mitigar la deserción. La revisión y actualización continua de los currículos y la participación de las familias también son esenciales para abordar este problema de manera efectiva. 

Es imperativo que las universidades, los gobiernos y las familias trabajen de manera colaborativa y coordinada para implementar estas estrategias. Solo así se podrá transformar el sistema educativo en un entorno verdaderamente inclusivo y de apoyo, que no solo facilite el acceso a la educación superior, sino que también asegure la permanencia y el éxito de los estudiantes. La reducción de la deserción universitaria no solo beneficiará a los individuos, sino que también fortalecerá el capital humano y contribuirá al desarrollo económico y social de la sociedad en su conjunto. 

 

Bibliografía 

 

  • Vélez, A., & López Jiménez, D. F. (2023). Estrategias para vencer la deserción universitaria. Educación y Educadores, volumen 7, 177-203. 

 

Shania Guerra
Shannia Guerra

Estudiante de la Facultad de Jurisprudencia y Ciencias Políticas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *